Una vez que sufrimos el secuestro de nuestro cerebro a causa de su adicción por el químico que genera con cada pensamiento negativo, empieza a perjudicarnos en la percepción que tenemos de la realidad en nuestro entorno. Solo pensamos en negativo y la atención se dirige a lo negativo y ve solo cosas negativas aunque las cosas positivas estén ahí.

Lo que nos lleva directamente al tercer círculo concéntrico de negatividad.

Cuando tenemos una mentalidad negativa y lo vemos todo negativo, es cuando todo nuestro cuerpo empieza a cambiar de composición. La vibración que genera no es la misma como la que el cuerpo genera cuando estamos tranquilos, en paz, en calma y felices. El cuerpo, como una batería biológica, cambia su estado y empieza a vibrar de una manera más baja. (Kyle Gray-Raise your vibration/Penney Peirce-Frequency)

Cuando un cuerpo tiene una vibración, atrae a otros cuerpos que tienen la misma vibración (William Walker Arkinson-50+ books in one edition/Dusan Papousek-Advances in Quantum Chemicals and Spectroscopical Studies of Molecular Structures and Dynamics/Walter A. Harrison-Applied Quantum Mechanics)

Una vez que nuestro cuerpo empieza a cambiar su frecuencia vibratoria de manera negativa, indefectiblemente y de manera inevitable, nuestro cuerpo empezará a atraer a otras con la misma vibración. Se empezará a atraer a gente negativa que traerá consigo su bagaje de negatividad y sus problemas y situaciones negativas.

Por esa misma razón, es muy fácil ver a gente negativa junta. Reunida y hablando y realimentando recíprocamente su negatividad. Revolviéndose y revolcándose en sus miserias, en sus dramas y problemas. En ese momento, esas personas están vibrando al unísono, lo que causa que su cerebro esté en su zona de confort y de manera placentera creando una dosis muy grande del químico con el que es adicto.

Imaginaos por un momento a una persona que le encanta nadar. Que le apasiona estar en la piscina todo el día. Que su entorno natural y con el que más disfruta de todos es en el agua. Pues a esa persona la contratan para estar trabajando de instructor de natación. Desde luego el trabajo de su vida. Ambos hemisferios del cerebro están en armonía. El cuerpo calloso que une ambos hemisferios está en perfecto equilibrio. El cortex prefrontal no está híper analizando y la amígdala en el sistema límbico del cerebro no está siendo estimulado. En otras palabra, una fluidez y estado de relajación, felicidad y paz absolutas. Incluso al trabajar.

Pues cuando una persona que está secuestrada por la adicción de la negatividad está rodeada con gente y situaciones negativas, está en su mejor momento. Suena contradictorio, pero no lo es. Por esa razón es muy fácil encontrarnos con gente que no hace otra cosas que comentar cosas negativas todo el día, luego las vemos con otras personas que comentan cosas negativas. Están retroalimentándose unos a otros y atraviesan una sensación intensa creada por la dosis química. Un éxtasis de negatividad. Un Nirvana de destrucción negativa.

Llegados a este punto, y habiendo repasado los tres círculos concéntricos de negatividad, no debemos olvidar que las acciones varias veces repetidas crean nuevas conexiones neuronales. Cuanto más se realiza la acción, la conexión neuronal se hace más estable, fuerte y duradera. Se ha creado un nuevo hábito. Un hábito una vez creado se puede mantener de por vida.

Por eso no es fácil salir de la negatividad. Por eso debemos ser más conscientes de las palabras que utilizamos al hablar y al hablarnos a nosotros mismos. Las palabras que utilizamos mentalmente.

Debemos darnos cuenta de las formas y modos que utilizamos en una conversación. La queja, la crítica, el enfado sin sentido, la permanente indignación, la ofensa fácil, una permanente batalla mental que no ayuda, no aporta nada ni crea valor.

Una vez que tomas control de tus palabras, tus pensamientos y tus acciones, se puede salir de la nueva y más dura adicción del siglo XXI. La negatividad crónica.